Monday, May  20th, 2019

Federico Burdman

Federico Burdman es Dr. en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires y becario posdoctoral del CONICET como investigador de la Instituto de Filosofía de la Socidad Argentina de Análisis Filosófico. Se desempeña como docente en “Introducción al Pensamiento Científico” (Ciclo Básico Común, UBA) y en “Filosofía de la mente y la subjetividad” (Filosofía, UCES), y ha publicado capítulos de libros y artículos en diversas revistas especializadas nacionales e internacionales. Actualmente su investigación se centra en el debate en filosofía de la mente y ciencias cognitivas en torno al marco teórico cognitivista, aunque ha publicado también artículos sobre diversos temas de filosofía de la mente e historia de la filosofía analítica.

  • Conicet:

    Becario Posdoctoral

  • Proyecto:

    El Post-cognitivismo: concepciones del cuerpo y de la cognición en la filosofía de la mente corporizada

  • Descripción:

    Las últimas décadas vieron el surgimiento de diversas líneas de trabajo en filosofía de la mente y ciencias cognitivas que coinciden en plantear la necesidad de revisar sustantivamente la concepción de lo mental que fue hegemónica durante mucho tiempo en esos espacios de investigación. La visión que podemos denominar ‘cognitivismo ortodoxo’ se centra en la imagen computacional de los procesos mentales, y piensa a la cognición como constituida por procesos de manipulación de representaciones internas de acuerdo a reglas, comparables a las que pueden ser instanciadas en una computadora (para una caracterización completa del cognitivismo ortodoxo ver Burdman, inédito, cap. 1). A pesar del éxito del que gozó esta visión durante décadas, muchos coincidieron por diferentes caminos en señalar las limitaciones considerables que impone a la hora de abordar asuntos como la experiencia consciente, la implicación del cuerpo en la cognición, la dimensión de los fenómenos afectivos y motivacionales o la aplicación de los procesos cognitivos centrales a problemas definidos por el carácter situado de la acción. A su vez, otros criticaron a las posiciones ortodoxas por propiciar una tricotomía insostenible entre percepción, cognición y acción, o por adoptar una visión excesivamente individualista e intelectualista de los procesos psicológicos. A partir de este tipo de diagnóstico crítico, comenzaron a desarrollarse diferentes propuestas para abordar tópicos de investigación particulares a partir de premisas no-cognitivistas. Y en la literatura se volvió usual el reconocimiento de que existe un terreno común en que podrían confluir muchas de esas diversas líneas de trabajo críticas del cognitivismo ortodoxo. Al espacio teórico que podemos delinear tomando como punto de Federico Burdman. Plan de trabajo beca posdoctoral 2 partida estas referencias lo llamaré aquí post-cognitivismo (Gomila y Calvo 2008). Aunque los límites de ese espacio no puedan definirse con precisión, en muchos textos encontramos grandes solapamientos entre las referencias que se citan como centrales o con las que se identifica, en algún sentido, el contenido teórico de ese marco común. Entre esas referencias usuales –y sin seguir ningún orden particular- podemos mencionar al programa enactivo de Varela, Thompson y Rosch (1991), continuado luego en trabajos de Di Paolo (2005) y Thompson (2007) y extendido más recientemente al terreno de la cognición social (De Jaegher y Di Paolo 2007); las investigaciones de inspiración jamesiana acerca del papel del cuerpo y las emociones en los procesos cognitivos y la conciencia (Damasio 1994, 1999; Robinson 2005); la tesis de la cognición extendida de Andy Clark (Clark 1997, 2008b), Clark y Chalmers 1998); la aplicación de herramientas y conceptos de sistemas dinámicos para el estudio de la cognición (van Gelder 1995, Chemero 2009), incluyendo el estudio del desarrollo (Thelen y Smith 1994, Smith y Thelen 2003); las investigaciones ya clásicas de Lakoff y Johnson sobre las bases corporales de los esquemas conceptuales (Lakoff y Johnson 1980, 1999; Johnson 1987), que podríamos ubicar junto a las discusiones más recientes en torno a la visión amodal de los conceptos (Prinz 2002; Barsalou 1999); el trabajo desde una perspectiva interaccionista en psicología del desarrollo (Reddy 2008); las diversas propuestas no-ortodoxas que surgieron en el ámbito de la cognición social (Gallagher 2001, Hutto 2004, Gomila 2002, Scotto 2002, Pérez 2013, entre muchas otras); la teoría de las contingencias sensoriomotoras en el estudio de la percepción (O’Regan y Noë 2001; Noë 2004, 2009), inspirada en parte por ideas introducidas mucho antes por la teoría ecológica de la percepción (Gibson 1986); los trabajos de robótica situada (Brooks 1991) como un camino posible para una inteligencia artificial no-cognitivista; el análisis filosófico de la percepción y la conciencia en términos de acción que propone Susan Hurley (1998); o el caso empírico construido por Gallagher (2005) a favor de la hipótesis de que nuestra corporización moldea sustantivamente a nuestros procesos cognitivos. Desde ya, otras referencias podrían agregarse y esta breve enumeración dista de ser definitiva. Del mismo modo en que es usual en la literatura la referencia a la confluencia de los diversos enfoques alternativos al cognitivismo ortodoxo en un proyecto común, también lo es el reconocimiento de que se trata por el momento de un asunto programático y que la tarea de integrar a estos enfoques diversos en un marco común se halla todavía por delante. En particular, en el estado actual del debate dista de ser claro todavía hasta qué punto esta diversidad de posiciones teóricas se hallan realmente en condiciones de conformar un marco teórico conceptualmente consistente, articulado en torno a coordenadas básicas que resulten comunes a los diversos proyectos particulares que lo constituyen. El problema acerca de cómo concebir los lineamientos teóricos del espacio post-cognitivista y cómo podrían articularse los elementos diversos a su interior será el punto de partida de mi trabajo. La hipótesis central que adoptaré será que el eje conceptual (filosófico) que puede permitir la articulación de estas diferentes líneas de trabajo debemos buscarlo en alguna variante de la tesis de la corporización de lo mental, incluyendo con ello la implicación de que el sitio de la cognición es la acción situada en el entorno y en tiempo real. Luego, en particular, adoptaré la hipótesis adicional de que diferentes líneas de investigación dentro del espacio postcognitivista involucran diferentes concepciones del cuerpo y formas diferentes, quizá incluso incompatibles, de pensar acerca de cómo impacta nuestra corporalidad sobre los estados y procesos mentales que tenemos. En ese sentido resultará importante indagar en los compromisos que asumen diferentes líneas de trabajo postcognitivistas a la hora de entender la tesis central de la corporización. En particular, la concepción extendida de la cognición (Clark y Chalmers 1998, Clark 2008b) parece involucrar un modo de pensar acerca del cuerpo en términos de realización de papeles funcionales, mientras que otras importantes líneas de trabajo piensan a las condiciones particulares de nuestra corporización como un factor que tiene un impacto ineliminable, lo que parece bloquear la posibilidad de pensar en la realizabilidad múltiple de los estados y procesos en cuestión. Federico Burdman. Plan de trabajo beca posdoctoral 3 Esta probablemente sea la tendencia predominante dentro de las diferentes expresiones post-cognitivistas. Allí podemos incluir, de diferentes maneras, a Noë (2004, 2009), Hurley (1998), Varela, Thompson y Rosch (1991), Di Paolo (2005), Thompson (2007), Shapiro (2004), entre muchos otros que resultarán relevantes para el problema que antes definí. Finalmente, orientaré mi investigación según la hipótesis adicional de que un área de atención clave para desarrollar una concepción post-cognitivista de la mente y los procesos cognitivos está dada por el estudio de la interacción entre los procesos afectivos y los cognitivos, como anclaje para pensar la tesis de la corporización y como dimensión estratégica para plantear la polémica contra las concepciones ortodoxas. Aquí será especialmente importante considerar las concepciones recientes del papel del cuerpo en la emoción que resultan del marco neo-jamesiano propuesto por Damasio (1994, 1999, entre otros), cuyo espíritu corporizado vemos reflejado en concepciones filosóficas de las emociones como la de Robinson (2005). Este punto se halla conectado a su vez con el desarrollo de la llamada ‘perspectiva de segunda persona’ (Gomila 2002, Scotto 2002), como un terreno donde se desdibuja la frontera entre percepción del cuerpo del otro y atribución de estados mentales y, en esa medida, como una base propicia para analizar cómo diferentes aspectos de nuestra concepción psicológica ordinaria pueden ser pensados a partir de esas interacciones emocionales básicas en el plano corporizado (Pérez 2013). La línea de trabajo que aquí propongo es una continuación y ampliación de la que desarrollé durante mi doctorado. Ésta involucró un artículo publicado el año pasado (Burdman 2015a) y luego, centralmente, a mi tesis doctoral presentada ante la Universidad de Buenos Aires bajo el título ‘El Post-cognitivismo. El giro corporizado en filosofía de la mente y ciencias cognitivas’ (Burdman, inédito). En trabajos anteriores ya había centrado mi atención en propuestas particulares del cognitivismo ortodoxo sobre cognición social (Balmceda y Burdman, en prensa) y en consecuencias del punto de vista cognitivista a la hora de pensar algunos problemas relacionados con el concepto de ‘ficción’ (Burdman, en prensa-a). Finalmente, en otros artículos (Burdman 2015b, 2015c, en prensa-b) y en un libro (en prensa-c) he abordado discusiones sobre epistemología y filosofía del lenguaje en apariencia más distantes de las que aquí consideramos, pero unidas sin embargo a éstas por el proyecto común de desarrollar un punto de vista integralmente anti-cartesiano para pensar acerca de lo mental y su relación con el mundo físico y el lenguaje.

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